¿Te gusta aliñar tus ensaladas con aceite de oliva virgen extra? Entonces nuestro estudio te interesa.
Hemos analizado 40 aceites vírgenes diferentes, de los que 34 son de categoría extra y 6 vírgenes a secas.
Pero entre los mejores y los peores, hay unas diferencias de calidad gigantescas.
De hecho, los peores, aunque se vendan como tales, ni son extra ni alcanzan la calidad suficiente como para comercializarse.
Entrevista
El aceite es el único producto en el que hay una normativa europea que regula las características físico-químicas, para evitar que haya fraudes, pero además, exige un panel de cata para calificarlo como virgen extra.
Hay productos que no llegan a las exigencias de un virgen extra. Es decir, se venden como virgen extra sin serlo, porque tienen ciertos defectos que lo impiden. No significa que sean peligrosos, que sean malos, pero sí que nos están dando una calidad inferior a la que nosotros estamos comprando y estamos pagando.
Un aceite lampante es un aceite obtenido de la aceituna, no tiene ningún riesgo, no es tóxico, pero es tan basto, con tantos defectos de sabor, de aroma, de acidez, que se destina al refino. Por eso los hemos eliminado de nuestro estudio, porque hay productos que no deberían estar a la venta.
El aceite, como el vino, hay que cuidarlo desde el principio. Hay que coger las aceitunas en su punto justo de maduración, transportarlas bien, tenerlas ventiladas, no apilarlas, no almacenarlas en sitios donde haga calor, porque todo eso imprime defectos en el sabor que a veces son muy importantes.
Dale más importancia al sabor que al precio. Los españoles tomamos cada año de término medio tres litros de aceite virgen. En este caso, optar por el más barato supondría un ahorro muy pequeño.